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Emociones, un arma de doble filo

  • Writer: Bethania dos Santos
    Bethania dos Santos
  • Aug 20, 2023
  • 3 min read

No me olvidé de escribir. Lo seguí haciendo en privado. No me olvidé de que dije que iba a empezar a compartir lo que escribía. Así como no me olvidé de que quiero bajar de peso, ir más regularmente al gym, y todas las otras resoluciones que hice. Siguen ahí, constantemente recordándome de que "soy un fracaso".



Luego de sentirme como una porquería el último mes, en el que mi propia frustración me llevó hasta el límite de empezar a llevarme mal con todo el mundo, decidí que ya no más. Iba a llegar a la raíz del problema, y sobre todo, dejar de arrastrar a los demás a mi espiral de negatividad; ellos no tienen la culpa.


No soy nadie para decir a los demás qué hacer, solamente les comparto lo que descubrí en este proceso de subidas y bajadas emocionales, mentales, y físicas; por ahí le sirve a alguien. Y así como a mí muchas veces me "salvó" algun posteo, algún video, o podcast en el que simplemente alguien random de internet compartía sus luchas y cómo las sobrellevó, me hizo sentir que no estaba sola, y me dio el impulso que necesitaba para arrancar de nuevo, es eso lo que espero poder hacer y creo que en eso me voy a enfocar con este blog.


Volviendo a la raíz de mi problema (empezar algo y no terminarlo, en resumidas cuentas) yo siempre me consideré una persona muy intuitiva y en sintonía con mis emociones. Sé que soy alguien que cuando hay alguna mala vibra, o me siento intranquila en una situación, me paralizo y luego me las tomo. A veces me equivoco, y otras no. Porque el problema de confiar tan ciegamente en las emociones es que no comprendemos que las emociones son momentáneas y su función es protegernos de algún peligro que puede ser real o percibido.


Un ejemplo sencillo, comenzás a cuidarte en tu alimentación y empezás a restringirte de comer todo lo que querés y cuando querés. El cerebro percibe esto como un peligro (te vas a morir de hambre!) y empieza a generar un discurso de pensamientos (esto es aburrido, no es para mí, me siento triste, nunca más voy a poder comer tal cosa) que pronto se convierte en emociones que te alejan de eso "nuevo" que te está generando sentirte así. Y así, de manera tan automática, eso que te propusiste hacer y que sabés que es bueno para vos, lo dejás porque a tu cerebro le genera cierta incomodidad. Y así, puedo hacer una larguísima lista de cosas que dije que iba a hacer, pero a mi cerebro le generaba una incomodidad que percibía como un peligro, y me convenció a través de emociones y pensamientos, que me aleje de ahí.


Entonces lo que aprendí sobre esto, es que cuando intente hacer algo nuevo que sale de mi zona de confort, tengo que estar preparada para que mi cerebro me quiera "convencer" de dejar eso y volver a mi cueva. Tener las herramientas para cuestionar esos pensamientos intrusivos, refutar a mis propias emociones con la verdad, y si es necesario buscar apoyo en alguien (dependiendo de cuál sea tu meta, puede ser algún grupo, terapeuta, tu pareja, o amigos, pero es difícil hacerlo solo).


La gente que alcanza sus metas es la gente que entendió esto, que pueden haber días, momentos, en los que uno no quiere hacer el esfuerzo, pero hay que moverse a pesar de no tener ganas. Suena tan simple y lindo al escuchar, pero la batalla mental es durísima si no estás acostumbrado. Lo bueno, es que se aprende. Y no es algo que se aprende una vez y ya después todo va a ser fácil, sino que se vas a tener que estar siempre en control de esos pensamientos. Pero cada vez que logres hacer lo que no tenés ganas de hacer (acción a pesar de la emoción) estás ayudando a generar una nueva emoción positiva, un nuevo pensamiento. Y a la vez, eso se vuelve como una recompensa y un autoregalo que va más allá de disfrutar el momento, sino que se queda contigo como evidencia futura de que vos podés.

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